La reciente victoria legal de Grupo Bimbo, que ha conseguido reafirmar que “donut” es una marca registrada a su favor, vuelve a poner sobre la mesa un debate fascinante: ¿hasta qué punto una palabra que usamos a diario puede ser propiedad de una empresa? 🍩⚖️
Sí, “donut” aparece en el diccionario. Sí, la utilizamos todos los días. Pero eso no impide que, en el ámbito jurídico-marcario, pueda considerarse una marca notoria con protección reforzada. Y eso es exactamente lo que ha respaldado la justicia española.
🔍 ¿POR QUÉ BIMBO SIGUE SIENDO DUEÑA DE “DONUT”?
Porque el término no se ha “vulgarizado” lo suficiente a efectos legales como para perder su carácter distintivo. Es decir: aunque digamos “donut” para referirnos a la rosquilla en general, la marca ha demostrado:
- Un uso intensivo y continuado.
- Una asociación clara del público con su producto concreto.
- Una defensa activa de sus derechos durante décadas.
En propiedad industrial, la vulgarización (“genericide”) no se presume, hay que probarla. Y Bimbo, a día de hoy, ha conseguido lo contrario, demostrar que su marca sigue viva y fuerte. 💼🔒
🧠 UN CHOQUE ENTRE LENGUAJE Y DERECHO
Lo interesante de este caso es cómo evidencia el conflicto entre el uso social del lenguaje y la lógica jurídica de protección marcaria.
Lo que para nosotros es una palabra común, para el Derecho es un activo económico con valor, reputación y mercado.
Este tipo de sentencias nos recuerdan que:
- El lenguaje cambia, pero la protección marcaria no cambia tan rápido.
- Que algo aparezca en el diccionario no lo vuelve automáticamente “público”.
- Las marcas viven en un equilibrio frágil entre ser reconocibles… y no volverse demasiado genéricas.
⚖️ ¿QUÉ IMPLICA ESTO PARA EL MERCADO?
Significa que cualquier empresa que use la palabra “donut” para vender productos similares puede enfrentarse a conflictos legales.
Significa también que otras compañías tendrán que recurrir a términos alternativos (“rosquilla” o “donas”) si quieren evitar problemas.
Y, sobre todo, significa que Bimbo ha logrado algo difícil: que una palabra que forma parte del habla cotidiana siga siendo suya a efectos comerciales.
🚀 Este caso no va de bollería. Va de cómo el derecho protege la identidad comercial frente a la evolución natural del lenguaje. Va de cómo una marca, cuando se gestiona bien, puede sobrevivir incluso a convertirse en parte de nuestro vocabulario.
Y también va de cómo el Derecho, a veces, tiene que recordarnos que el uso social no siempre vence al uso jurídico.
¿Estamos ante el límite razonable de la protección marcaria… o ante un exceso? La discusión no ha hecho más que empezar. 🍩🔥